Estas tres palabras, tan presentes en la sociedad hoy, están íntimamente relacionadas para infortunio de muchas personas, especialmente mujeres. Hace unas semanas, mientras participaba en un acto de denuncia de las causas del paro, me encontraba con una señora que le insistía a su pareja en dejarle un euro para comprar la revista Autogestión que estábamos difundiendo en dicho acto. En un primer momento se fueron, pero después, por la insistencia de la señora, ambos volvieron. Pero la insistencia de esta mujer no es casualidad ni simple capricho, pues después de entregarle una hoja informativa me dio las gracias y nos dijo que siguiéramos luchando, porque debido al paro que había vivido, tuvo que vender su cuerpo y su dignidad y prostituirse para comer y poder vivir.
Por primera vez entendí en profundidad la necesidad de luchar contra la lacra del paro y de la prostitución, como consecuencia de aquél. Ahora le pongo cara al sufrimiento que supone la prostitución. ¿Hasta qué punto tiene que sufrir y padecer una persona hasta decidir 'voluntariamente' prostituirse? Aunque lo de 'voluntariamente' queda lejos de la verdad, pues nadie libre y conscientemente quiere que se aprovechen y abusen de uno mismo hasta el extremo perverso que supone la prostitución. Y en muchas ocasiones las mujeres son violadas y forzadas.