martes, 4 de junio de 2013

-Jugarse la vida en las costas

Las costas de Andalucía siguen siendo escenario de dramáticos intentos de alcanzar Europa para miles de africanos. Especialmente la frontera de Melilla ha sido el lugar donde los últimos meses numerosas personas inmigrantes, individualmente o en grupos, han buscado desesperadamente la forma de entrar en territorio español.

Coches ‘kamikaze’, en grupos, en embarcaciones… a pesar de que el pasado año disminuyó un 30% el número de entradas ilegales (sobre todo por aire), a pesar de la que está cayendo económicamente en España (normalmente los inmigrantes usan este país sólo de paso), a pesar de la persecución despiadada de la policía marroquí, a pesar de la explotación y la exclusión y a nivel psicosocial el incremento de las rupturas familiares, la soledad forzada, el miedo, la indefensión, todos ellos extremos que se asocian a un incremento de los cuadros de estrés crónico y múltiple. A pesar de todo ello siguen jugándose literalmente la vida en nuestras costas. 


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Algunas posturas superficiales trivializan la situación

Con la llegada de la denominada crisis parece que los inmigrantes y su drama desaparecen de la mirada y la sensibilidad de los españoles. Ese es uno de los objetivos: acabar con todo vestigio de solidaridad, enfrentar a los españoles con los que no lo son. 
La reforma del Código Penal puesta en marcha por Gallardón deja en manos del Ministerio Fiscal la posibilidad de perseguir a quienes presten su hospitalidad a extranjeros no comunitarios.

Dentro del hostigamiento a los inmigrantes sin papeles es urgente denunciar el plan del Ministerio del Interior de incluir en su prevista Reforma del Código Penal (art. 138 bis) la condena de hasta dos años de cárcel a quienes acojan en su casa o ayuden económicamente a inmigrantes sin papeles.

Además de cruel y contrario a los derechos humanos, la reforma legal destaca en este punto por su cinismo ya que mientras penaliza a las personas y entidades que ejerzan su solidaridad con estos inmigrantes, rebaja las penas de 8 hasta 6 años máximo a quienes trafiquen con ellos, lo que estimulará a estas redes de explotación humana a perseverar en el ejercicio de su delito. No olvidemos que la misma moneda que usemos se usará con nosotros.

Recientemente México ha comenzado a exigir permisos de emigración a nuestros conciudadanos. Los propios españoles están siendo víctimas ahora de las medidas contra los extranjeros, no siendo descartable que si el éxodo de compatriotas continúa siendo numeroso pronto los emigrantes españoles se hallarán inmersos en situaciones dramáticas como inmigrantes sin papeles. Si no generamos una cultura internacionalista y solidaria, lo lógico es que agrandemos la ley de la selva que ya impera en las relaciones entre el norte enriquecido y el sur empobrecido.

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